viernes, 7 de diciembre de 2012

UN ACARREAR CONSTANTE (Cuidado y alimentación de los pollos)

La primavera avanza en las zonas mediterráneas. Pasado Abril, que en ocasiones viene lluvioso, Mayo suele, aunque a veces también rico en precipitaciones, venir acompañado de una mejora sustancial del tiempo y de un ascenso claro de las temperaturas. Los días son ya muy largos, los atardeceres suelen venir acompañados de suaves temperaturas y de una algarabía de aves que ya están criando a sus pollos acarreando incansablemente comida a sus nidos: gorriones, estorninos, palomas, así como los típicos carruseles de vencejos, común y pálido, que al atardecer llenan con sus chillidos las tardes primaverales y estivales desde nuestra más tierna infancia.                       
Ya a mediados o finales del mes de Mayo, hasta aproximadamente mediados de Junio, comienza el nacimiento de los pollos, dependiendo de los años (ya vimos como la climatología de ese concreto año puede condicionar el inicio de la puesta) o de las parejas (también vimos como las parejas más jóvenes que crían por primera vez suelen establecerse más tarde y también más tarde comienzan la puesta) Desde esa fecha comienza a verse a los primillas acudir a los nidos con alguna presa en el pico o entre las garras, siendo las cebas primero muy espaciadas en el tiempo, más frecuentes conforme los pollos crecen...
En cuanto al número de pollos, este oscila entre los raros casos de uno o dos, y los todavía más extraños de seis pollos. Mi experiencia me indica que lo normal suelen ser tres, si bien también son frecuentes, aunque en menor medida, las nidadas de cuatro y, ya más raras, pero tampoco inúsuales, las de cinco
La incubación en los cernícalos primillas dura unos veintiocho días. Transcurrido ese periodo, los pollos comienzan a romper el cascarón, pero no lo harán todos al mismo tiempo, dada la diferencia de días entre la puesta del primer y del último huevo. Ello quiere decir que durante unos días coexisten huevos y pollos recién nacidos, lo que hace necesario incubar aquéllos y alimentar a éstos durante esos días.
Los pollos nacen casi desprovistos de plumón, totalmente desvalidos, pero al cabo de una semana su aspecto habrá cambiado notablemente y ya aparecerán cubiertos de plumón blanco, y además se habrán espabilado en gran medida, aunque su tamaño sigue siendo muy reducido.
Durante los primeros días, en que todavía existen huevos sin eclosionar, continúa siendo la hembra la que incuba, casi todo el tiempo, dando calor a los huevos y a los pollos. El macho realiza aportes de comida regularmente, aproximadamente una vez por hora, según tuve oportunidad de observar cuando estudiaba la colonia de la catedral de Badajoz. Al llegar al nido, el macho entrega la presa que trae a la hembra, y ésta la reparte entre los pollos, permaneciendo en todo momento en el nido, si bien en ocasiones el macho la sustituye para que ella se alimente por sí misma, sin que en ningún momento aporte comida al nido.
Una vez eclosionados todos los huevos este comportamiento continuará todavía durante unos días, aproximadamente hasta los ocho o diez días siguientes al nacimiento del primer pollo: el macho continúa trayendo presas que la hembra reparte entre los pollos. Durante estos días la discreción sigue siendo la nota dominante, pues cuando el macho llega al nido apenas susurra levemente (recordar el siseo típico tipo "suijj, suijj, suijj") y la hembra se asoma para recoger la presa. A continuación el macho parte de nuevo para la caza y la hembra desaparece en el interior del nido para repartir la comida. El silencio domina de nuevo.
Pero los requerimientos de comida de los pollos se van incrementando conforme van creciendo en tamaño. Ello hace que, normalmente hacia los siete o diez días de vida, la hembra comience también a aportar comida a los pollos. No obstante, ello no es una norma fija, porque he observado algunas parejas con sólo uno o dos pollos en que la hembra no comenzaba a llevar presas al nido hasta transcurridos quince o veinte días del nacimiento de los pollos. Y otras veces se observa, a partir de los quince o veinte días de edad de los pollos, otro sorprendente cambio de conducta, cuando uno de los consortes, normalmente la hembra pero otras veces el macho, desaparece de la zona sin volver a hacerse cargo de las cebas, dejando de aportar comida y de hacer acto de presencia en el nido, siendo los jóvenes totalmente atendidos durante el resto de su desarrollo por el otro progenitor. Ello puede deberse a una circunstancia de mortalidad, pero dada la frecuencia del fenómeno puede obedecer a otras razones.
La frecuencia de las cebas aumentará entonces enormemente, produciéndose entonces, según tuve oportunidad de comprobar en al catedral de Badajoz, aproximadamente cada doce o quince minutos, unas cuatro o cinco veces durante una hora. No obstante, en ocasiones, y probablemente en situaciones de sobreabundancia local de alimentos, la frecuencia puede aumentar, habiendo registrado en ocasiones hasta veinticinco o treinta cebas en una hora. En estos casos los aportes son continuos observándose a ambos adultos cebando cada pocos minutos o incluso coincidiendo ambos en el nido para cebar, en cuyo caso lo hacen uno a continuación del otro. Sólo en casos excepcionales, cuando la presa aportada es de gran tamaño, como un pájaro u otra parecida, suele ser repartida entre los pollos por la hembra. Fuera de estos casos excepcionales, serán ambos cónyuges los que aporten las presas y entren a cebar, repartiendo las presas cuando todavía los pollos no están en condiciones de comer por sí mismos, lo que tendrá lugar hasta los diez o quince días de edad, momento a partir del cual los jóvenes comienzan a comer solos, en cuyo caso ambos consortes ceban directamente desde el exterior del nido entregando la presa al pollo que, más activo o hambriento, consiga situarse a la puerta de la oquedad para recibirla, venciendo la resistencia de sus hermanos. Para evitar que siempre sean los mismos los que reciben comida, en ocasiones los padres se abren paso entre los hambrientos jóvenes para cebar al hijo menos favorecido. En todo caso, las cebas de los cernícalos primillas suelen ser siempre muy aparatosas, acompañadas de frecuentes peleas y picotazos entre hermanos, como se pondrá de relieve cuando comiencen a abandonar el nido.
Cuando los adultos acuden a cebar, al igual que hacía el macho durante el celo, se pasan las presas aportadas del pico a las garras y viceversa. Seguidamente, un veloz picado los conducirá hasta el nido.
En cuanto a las presas más frecuentemente aportadas continúan siendo los insectos, en mayor medida quizás que durante el celo, predominando los grandes ortópteros, especialmente hacia el final del periodo reproductor, cuando las grandes langostas (Tettigonia, Locusta), grillos de matorral (Decticus albifrons), cigarras, otros grillos... abarcan la casi totalidad del espectro alimenticio. Otros insectos -escarabajos, grillos, alacranes cebolleros (Gryllotalpa gryllotalpa)- escolopendras, etc, le siguen en frecuencia, si bien la cantidad de unos u otros en las cebas dependerá normalmente de los años y de la abundancia local y estacional de unos u otros invertebrados. No faltan pequeños vertebrados como roedores, musarañas, reptiles (lagartijas y salamanquesas), algunas veces y en algunas parejas son frecuentes los murciélagos y, más raramente, pequeños pájaros, especialmente jóvenes aláudidos. Sea como fuere, llegado el final del período reproductor, el porcentaje de grandes ortópteros alcanza o se aproxima en gran medida al cien por ciento.



Hembra con cigarra en el pico para cebar a sus pollos

Los grandes ortópteros constituyen la presa más habitual de los cernícalos primillas. En este caso, un macho con un grillo de matorral (Decticus albifrons)
Gryllotalpa gryllotalpa
Lagartija.
Pequeños reptiles constituyen parte de la dieta del cernícalo primilla.
Las escolopendras son invertebrados que también tienen presencia notoria en la dieta del cernícalo primilla, dependiendo de su abundancia relativa. Este macho acaba de llegar al tejado donde se encuentra su nido para cebar.
Hembra acude a cebar con invertebrado.

Hembra se acerca alnido con cigarra.
Hembra con ortóptero
En las imágenes precedentes: maniobras previas a la entrada en el nido.
Con lagartija
Maniobra típica: este macho se pasa la presa que aporta de las garras al pico y vice-versa.
En picado hacia el nido: hembra.
En picado hacia el nido: macho.
De las garras al pico.
En el pico, descenso.
Aterrizaje.

Con escolopendra: en las garras.
De las garras al pico

Preparándose para caer.

Picado

Maniobras de aproximación y tal vez exhibición.
Aportando escarabajo grillo u otro pequeño insecto.

En esta imagen y en la anterior: hembra llega al nido con presa. En este caso grillo de matorral (Decticus albifrons)






En esta imagen y en las anteriores: hembra llegando al nido con presa. Diversas maniobras de aproximación.




Imágenes anteriores: llegada del macho al nido con un roedor.

Macho pasa la presa de las garras al pico.
         
Hembra pasa la presa de las garras al pico: una maniobra frecuente a la llegada al nido 




Imágenes anteriores: una presa bastante inusual, una pequeña ave.





Imágenes anteriores: llegada al nido para cebar.

Macho pasa la presa de las garras al pico.


Macho aporta ortóptero, la presa más frecuente en la alimentación de los jóvenes.




Hembra se acerca al nido.

Este macho se cierne instantes antes de su llegada al nido. En ocasiones los cernícalos primillas parecen exhibir sus notables capacidades de vuelo también antes de cebar a sus pollos. Una manera de marcar su presencia o la propiedad de su nido?





Con ortóptero

Con alacrán cebollero (Gryllotalpa gryllotalpa)

Llegando al nido.

Picado.

Cernido previo.


Aproximadamente a los quince días de vida de los pollos, comienzan a apuntar los primeros cañones de las plumas, sobre todo patentes en las rémiges de las alas y rectrices caudales. También a partir de esa edad puede evidenciarse el carácter seminidífugo de los pollos del cernícalo primilla, especialmente en las parejas que crían en tejados, donde no existe peligro de caída del nido. Puede entonces observarse como los pollos, ya parcialmente emplumados y todavía incapaces de volar, salen de los nidos y esperan, mientras deambulan por los alrededores, a ser cebados por los adultos. Este comportamiento, con todo, no se manifiesta igual en todas las nidadas y todos los años, pues en ocasiones los pollos no salen de los nidos hasta cumplido o rebasado el mes, limitándose hasta entonces a asomarse al exterior pero sin salir.
En su segunda quincena de vida, los jóvenes van emplumándose rápidamente, de manera que hacia los veintitrés días de vida, es decir, hacia el fin de su tercera semana, su tamaño es poco menos que definitivo a no ser por el tamaño de sus plumas de vuelo y de la cola, todavía muy reducido, y por la gran cantidad de plumón que todavía cubre su cuerpo. Hacia los veinticinco o treinta días el plumaje está completo prácticamente, si bien todavía se conservan algunos mechones de plumón en la cabeza y otras partes del cuerpo, cada vez más reducidos a partir de los treinta días, cuando el ave esté preparada para abandonar el nido y dar sus primeros vuelos.
No obstante, hemos de recordar que, dado que no todos los huevos son puestos al mismo tiempo, existen diferencias en las fechas de nacimiento de unos y otros hermanos, lo que durante la fase de crecimiento en que el cuerpo se va gradualmente cubriendo de plumas, puede ser especialmente patente. En concreto, y en las nidadas que yo estudié, recuerdo que solía haber dos pollos notablemente más desarrollados que sus hermanos, los cuales ostentaban más plumón, en ocasiones con diferencias notables unos respecto de otros dentro de estos últimos. Probablemente en estas parejas la incubación comenzó después de puesto el segundo huevo, y dado que existen dos días de diferencia en la puesta de cada huevo, por ellos los dos hermanos mayores son aproximadamente iguales en desarrollo, registrándose un escalonamiento entre éstos y los demás hermanos, y de éstos entre sí.

Los pollos están cubiertos de blanco plumón. A este ya le apuntan las plumas: puede tener unos veinte días de edad, pero ya se aventura fuera del nido.

A veces desde muy tierna edad los pollos comienzan a salir al exterior.

Curioseando entre las tejas.

Este ya salió, tal vez porque está un tanto más crecidito.

Curioseando entre plumón y plumas.

Se aleja.

Excursión: joven de unos  veintiocho o treinta días que ya corretea fuera del nido.

Escapado.

Los mechones de blanco plumón que todavía quedan a este joven en la cabeza indican que, aunque ya  se aventura  relativamente lejos del nido, todavía no puede volar.

Ejercitando sus alas a la salida del nido.

A partir de los treinta o treinta y dos días, ya completamente emplumados no siendo algunas briznas de plumón que todavía delatan su edad, los jóvenes comienzan gradualmente a abandonar el nido. Ya desde los quince o veinte días de vida los jóvenes comienzan a hacer ejercicios alares para fortalecer sus músculos, a fin de poder emprender el vuelo con éxito llegado el momento. A partir del momento en que abandonen el nido y hasta poco después de emprender el primer vuelo la frecuencia de esos ejercicios aumenta notablemente.
La edad de ese abandono es muy variable, como ya dijimos. Puede haber comenzado ya con las primeras salidas que los pollos emprendieron con diez o quince días, sobre todo en nidos situados sobre tejas o cornisas, donde no hay peligro de caída. En ocasiones, sin embargo, esas salidas, a pesar de no haber tal peligro, suelen retrasarse hasta los veintitantos días de edad, o hasta que, con el mes y el completo plumaje juvenil, el desarrollo del plumaje ha concluido.
A partir de ese momento, los jóvenes deambulan por los alrededores del nido, exploran los aledaños de éste, practican con frecuentes ejercicios alares, o esperan a ser cebados, chillando frecuentemente para solicitar la ceba si los progenitores se retrasan en su llegada. En ocasiones se atreven a dar algún corto vuelo sobre el tejado o cornisa, pero siempre con mucha precaución.
En ocasiones, cuando se trata de oquedades sobre paredes en que hay peligro de caída, las primeras excursiones se retrasan hasta los treinta y seis o treinta y ocho días, coincidiendo con la edad en que, en todo caso, los jóvenes emprenden sus primeros y todavía torpes vuelos.
El bullicio en la colonia es ahora general. Las continuas idas y venidas de los adultos de las diferentes parejas cuando acuden a cebar, la algarabía de los pollos al ser cebados, las continuas peleas, acompañadas de los chillidos de los adultos, y el griterío de los vencejos al atardecer, es una estampa típica de principios del verano en los pueblos y ciudades del Sur y del Oeste de la Península Ibérica, cuando las altas temperaturas del día dan paso al suave atardecer, una estampa que a muchos resulta muy familiar.
La frecuencia de las cebas, una vez que los pollos han completado su crecimiento y abandonan el nido, disminuye notablemente y, al mismo tiempo, el bullicio de las mismas aumenta dado que a partir de entonces los adultos que acuden a cebar no entregan la presa inmediatamente a los pollos, sino que demoran la entrega una y otra vez al tiempo en que son "asaltados" sucesivamente por uno u otro de sus pequeños, en lo que parece un intento de provocarlos e instigarlos a volar y a procurar su alimento. El adulto los llama con su ronco y estridente chillido (schi, schi, schi), volando entre ellos, esquivándolos cuando intentan arrebatarle la presa, y entregándola finalmente después de un buen rato de regateos. Después de la entrega es frecuente que los adultos continúen provocando a los jóvenes hambrientos, furiosos por no haber conseguido comida en esa ocasión. Los importunan e incluso se abalanzan hacia ellos, empujándolos y obligándolos a volar, hasta que finalmente parten en busca de nueva ceba.
Llegados a los cuarenta y dos o cuarenta y cinco días de edad el dominio en el vuelo de los jóvenes ha aumentado notablemente. Aprenden a lanzarse en picado y a cernirse, a jugar con el viento. He podido observar como estos jóvenes imitan llamativa y ostensivamente el vuelo cernido que los adultos tan frecuentemente practican en la colonia y, conforme pasan los días, se les va viendo menos por los alrededores. Las ausencias de los jóvenes van siendo cada vez mayores, y transcurridos entre siete y quince días desde que abandonaron el nido, desaparecen de la zona o se desligan totalmente de sus progenitores, que continúan cebando todavía a sus hermanos menores hasta quedarse solos por la zona. En alguna ocasión he observado como un macho acudió a cebar cuando ya ninguno de sus jóvenes se encontraban en la zona.
Por entonces, alrededor de mediados de Julio, las colonias suelen ser un hervidero de pollos y adultos, pero comienzan ya a quedarse vacías, pues los cernícalos primillas desde el momento en que los pollos se emancipan, dejan de estar ligados a las mismas. De hecho en cuestión de pocos días los edificios suelen quedar totalmente vacíos.
A este respecto, sin embargo, me ha parecido observar un gradual cambio de comportamiento en estos falcónidos, pues hace dos o tres décadas era frecuente que los adultos continuasen en las colonias hasta bien entrado Septiembre, Octubre o incluso Noviembre, acompañados de numerosos jóvenes, dejándolas gradualmente, conforme emprendían su viaje migratorio. Por el contrario, en tiempos más recientes se observa un brusco abandono de las colonias en un movimiento de dispersión que parece dirigirse hacia el Norte, a juzgar por los dormideros descubiertos y la presencia de estas aves en áreas más septentrionales de lo que es habitual en la especie.
Sea como fuere, parece claro que la fase final del desarrollo y emancipación de los pollos coincide con el máximo apogeo de los grandes ortópteros en zonas determinadas que normalmente coinciden con las áreas de mayores colonias de cernícalos primillas, y tal coincidencia no parece ser casual, habida cuenta de la extraordinaria dependencia y especialización de este cernícalo en la captura de estos grandes insectos.





Juveniles caídos del tejado. Afortunadamente están ya lo suficientemente desarrollados como para remontar el vuelo y ponerse asalto de cualquier depredador que, en caso contrario, podría haber supuesto la muerte prematura.







Juveniles en fase de primeros vuelos.

Joven ejercita sus alas, preparándose para volar.

Ejercicios alares ante el nido.


Aprendiendo a cernirse.

La técnica del cernido.

La técnica del cernido: el joven va dominando el vuelo.

Planeando.

Planeando.

Dominando el picado.


Remontando.

Girando

Girando.

Joven visto desde abajo.

Cernido.

Dominando el vuelo.






Aterrizando.

Regresando al nido.





Cernido frustrado.



Juvenil en el instante de ser cebado por su madre a la entrada del nido.
Se apropia de la presa

Las cebas del cernícalo primilla se caracterizan por su aparatosidad. Los hambrientos juveniles se abalanzan a por la presa. El afortunado que la atrapó (a la izquierda) se aparta extendiendo sus alas en forma de escudo protector frente a sus hermanos.

Pelea de jóvenes por la ceba...

Las peleas entre hermanos, como en otras aves de presa, son frecuentes.

Disputa entre hermanos.
En esta ocasión un hermano menor (derecha) se ha apoderado de la presa. Nótese su cabeza y cuerpo  con más plumón.

Ceba con escolopendra: instintivamente el joven trata de protegerse con sus alas en forma de escudo frente a las posibles tentativas de sus hermanos de arrebatarle la comida.

Engullendo gran ortóptero.
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